Las mil y una anécdotas de Clarita

Enviado por Comunidad Ecologica de Peñalolén el 04/07/2008 a las 13:22

noticia_.pngNuestra vecina Clarita Yánez vive hace 12 años en la comunidad Ecológica, aunque hace más de 15 que riega los arbolitos de su parcela.

Hay tres casas: la suya, la de su hijo Pablo, y la de su ex marido, Alberto, “el viejo”, como le dice. Además, comparte el terreno con sus cuatro perros, una gato y sus tres gallinas. Vive de una forma muy “liviana”, como dice ella misma, es feliz alimentando a sus animales, comiendo poco, leyendo, rastrillando, y fumando un ratito en la noche.


¿Cuándo llegaste a la Comunidad Ecológica, cómo era en esa época?

Venía llegando de México, y compré en el ‘90 o el ‘91. En esa época todavía no había luz ni nada aquí. Era demasiado barato, tampoco estaba definido como barrio, no había ninguno de estos condominios que hay ahora. Antupirén tenía ranchos y zarzamoras, y para abajo era un callejón sin salida con basural al fondo, medio pavoroso incluso. Y en el ’96 recién me vine, sin luz todavía.


¿Qué te gustó de este lugar?
Me gustó porque era acampao, yo me crié en el campo de chica, y me gusta el ambiente de campo. Ojalá un ranchito de barro, embarrado, hornito de pan, andaba buscando algo así, era lo que yo soñaba.

No había casa...
Teníamos esto recién parado, esta casa la hicimos nosotros entera. Incluso cuando recién llegamos, en las zarzamoras hicimos un hoyo, pusimos un cajón en el que habíamos traído libros, le hicimos un hoyo, y estuvimos como un año con ese baño.

¿Quiénes componían el “nosotros? en ese momento?
En ese momento llegamos el Pablo, mi hijo chico, y la Chica, que era la polola de mi hijo mayor, con el que teníamos este proyecto en Peñalolén, el Álvaro, que murió en un accidente filmando. De hecho nuestra casa, de Álvaro y mía, la terminé de hacer con su seguro de accidentes, o sea Álvaro terminó la casita.

“En eso todavía somos mejores que los computadores”

Cuéntame de qué se trataba tu trabajo en la Católica
Dibujos. Lo que he hecho toda mi vida para parar la olla ha sido dibujo científico. De repente apareció la computación, y el dibujo quedó reducido a dibujar especies nuevas, animalitos, algas; porque en eso todavía somos mejores que los computadores. Con la Alicia Hoffmann y con Bernabé Santelices, dibujamos un libro muy lindo de las algas de las zonas de mareas.

¿Dibujan en base a qué modelo?
¡A la planta! El alga me dan en un frasco... incluso íbamos con la Alicia Hoffmann de repente y con otros muchachos de la Católica a recolectar algas, y pasábamos todo el día recogiendo. Un trabajo bien prolijito.

¿Ese tipo de libros es más para estudiosos de los temas, para académicos?
Sí, sí, para identificar las plantas. Entonces cada planta tiene distribución geográfica, descripción, ilustración, y cortes. Es para gente que quiere trabajar en eso.

Pan con palta y café con leche


¿Cómo es un día de tu vida cotidiana?
La pereza misma oye. Bueno, que es distinto en verano y en invierno porque yo hiberno, me carga el frío. En la noche veo las noticias o algún peliculón con el viejo, yo no tengo tele, y fumo. Después leo y despierto a las 11 del otro día. Si hay solcito salgo a rastrillar, me siento afuera, me doy un paseo, voy a ver las mangueras de agua, y si no, hago mis lecturas budistas. Converso con las gallinas... no hago nada oye... nada. Una vez al mes tengo que ir a pagar cuentas y bajo a la Plaza Egaña y hago trámites. No-hacer-nada es un arte, y de lo más difícil que hay en el mundo.

¿Y si necesitas cosas para comer?

Sabes que yo toda mi vida sufrí teniendo que cocinar, y el día que ya los hijos crecieron, no he cocinado nunca más.

¿Y qué comes?
Pan con palta y café con leche.

¡Sólo eso todos los días!

¡Ay sí! Todos los días, todos los días. Y prendo el gas para prepararme el té o el mate. Como me levanto a las 11 y no hago nada de ejercicio, y sobre todo en invierno, no como más que eso. Ahora, me tomo dos tazas de éstas de café con leche [muestra dos tazas-pocillos grandes]. De repente si he desayunado más temprano me como un par de huevitos a la copa.

¿No te ha hecho mal comer sólo pan con palta?

No, no, [ríe y levanta los brazos como levantando pesas]. El día que estés libre y que jubiles si quieres estar sana...pan.

¿Y dónde compras esas cosas si dices que casi no sales?

A veces bajo y subo caminando hasta el super, lo que es muy saludable. Si no, voy a la tiendita de aquí a la entrada, y a veces voy con Alberto que tiene su autito. Pero en general me apituco, me hago mis arreglitos, me pongo menos campesina y bajo.

¿Y otras cosas que necesites eventualmente, también te las arreglas de la misma manera, ir a la farmacia...?
Farmacia no uso. Como como pan con palta, como no como, soy muy sana. Si yo estoy convencida de comer poco y trabajar mucho, porque en verano trabajo como animal. Todo ese corredor lo hice yo y no con máquinas de éstas, sino que con serrucho.

Veo que tocas guitarra
Toco guitarra. Toqué guitarra, ya hace veinte años que la dejé, pero de repente para entretenerme... también ahí viste guitarreo, ya ni me acordaba que toco guitarra.

“¡Ah, tenía una mina de oro yo!”

¿Te fuiste a México por estudios, por trabajo?
En el ‘71 Alberto se fue a hacer un doctorado a México, y nos fuimos toda la familia. De ahí nos fuimos a Francia, luego a la Guadalupe, en las Antillas francesas. Volvimos a Francia y ahí Alberto se consiguió una pega en México. Nos fuimos a Ensenada, Baja California. Estuvimos doce años. Ahí crecieron los hijos, y fui lo más feliz que se puede ser en el mundo.

¿Por qué?

No sé... lo hemos conversado con amigos chilenos que vivieron allá también. No sé por qué en México era tan fácil ser feliz. Era todo improvisado, cada día eras no más. Se armaba un asado, no pasaba nada, todo era al lote, era precario, ¡cochino!, eso sí que no me acostumbré nunca, ¡inmunda la Baja California!

¿Son otras las prioridades tal vez?
Hay algo de desprendimiento, de que si te quedas sin trabajo, ya, vendes tacos, o te allegas donde un amigo, no sé explicarlo, es vivir liviano. Por ejemplo de los estudiantes más brillantes de la Universidad de Baja California que estudiaban Ciencias Marinas, uno hizo el doctorado en gringolandia, volvió y se cabreó y puso una taquería en una esquina. Y eso no lo puedes explicar.

En Chile pasa todo lo contrario, es denso
Hay algo tan triste en este país, todo es tan trascendente, ¡pucha, alíviense, improvisen! Nos estamos amargando porque no tenemos esto o porque el seguro médico... Allá a lo mejor, tal vez mis días eran iguales, pero yo cada día lo inventaba de nuevo, y no estaba amarrada a tener que hacer algo.

Debes tener muchas aventuras sobre la improvisación cotidiana de esos tiempos
En una época nos fuimos Pablo, Álvaro y yo a vivir donde un amigo en una casa ¡roñosa, pelienta que no te imaginas! Había sido una tiendita para vender dulces, y no tienes idea cómo lo pasamos de bien. Hicimos unos camarotes improvisados en la bodega de la tiendita, e inventamos una ducha con una manguera. En la otra casa, el primer invierno no tenía cama, dormía en el suelo en una espuma y mi saco de dormir, y de repente siento agua...“¡hijos, nos inundamos!”, y a los baldes, a los trapos. Unas vacaciones llegaron a pata pelada [los hijos] porque se nos acabó la plata. Nadie era ni más ni menos que el otro por la casa en que viviera.

¿Por qué te viniste entonces?
Álvaro se vino con Alberto antes que yo, y con eso yo ya me iba a venir sí o sí. En ese momento me cortaron el trabajo en la Universidad de Baja California. ¡Ah, tenía una mina de oro yo!... en la sierra ahí perdida, ¿En Chile te imaginas una señora que se vaya a una mina de oro?, es inconcebible.

¿Era una verdadera mina de oro? Cuéntame
Estuvimos buscando minas de oro con mi amigo Rubén, porque Baja California está llena. Esta era una mina abandonada porque a don Rafa, el dueño, un tipo lumpen, medio traficante de droga, se le acabó la plata y la cerró. Nos pusieron en contacto con don Rafa y con su socio, don Porfi, que era un caballero, humilde, era una joya. Como yo ya había vendido la casa, o me sobraba una plata que me mandaron de Chile, no me acuerdo, decidí meter diez mil dólares en la mina. Yo le iba dando plata a don Rafa, y él se la farreaba. Bajamos la quebradora y el molino a Ensenada, don Rafa nunca pagó para que las arreglaran, nunca se consiguió la pólvora. Y don Porfi a mano llegando de nuevo a la veta gruesa. A todo esto pasó un año y medio, ¡el año y medio más feliz de mi vida!. Ahí estuvimos hasta que un día se me acabaron los diez mil dólares, y le dije “don Rafa lo siento, yo no pongo ni un peso más, hasta aquí llegó esto”.

 

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Casa_Clarita.JPG

La casa que se inició como un proyecto familiar

Clarita_huerto.JPG

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Enviado por anibal el 19/11/2010 a las 19:28
anibal

Ante nada se nota de un crecimiento humano esplendido ya que puede convivir o cerca de su ex, que no es poco, pero ademas salir del consumismo es uno de los primeros pasos para la libertad. ojala se tomara el ejemplo, fundamentalmente por gente joven para poder soñar con un mundo mejor-


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