Antes que don
Pedro de Valdivia llegara al valle del Mapocho, habitaba estas fértiles tierras
un pueblo apacible e influenciado por los incas: los picunches. En el área precordillerana
vivían algunas tribus de nativos agricultores y alfareros, de allí el nombre
"Peñilolén" que, en mapudungún, significa "reunión de
hermanos". Tras la fundación de Santiago, don Jerónimo de Larco tomó
posesión de este lugar, desmalezando el monte y creando chacras y tierras para
la engorda de animales. Más tarde, el sector bajo fue comprado por el regidor
don Diego de Hermida quien transformó el lugar en una aldea cuyos habitantes se
dedicaron a la agricultura y ganadería. Construyó un camino que unía Santiago
con su propiedad (actual Av. Grecia) y lo llamó "Camino Real de
Peñalolén". Este repartimiento fue pasado de heredero a heredero durante
toda la Colonia, bajo el nombre de hacienda de los Hermida.
En tanto, el
sector alto fue adquirido por el piloto don Juan Baustista Pastene, marino
genovés nombrado Teniente de Gobernador en el mar, quién comenzó a cultivar
estas tierras y a configurar una de las más importantes mercedes de tierra del
Maipo durante el siglo XVI. La hija de Pastene se casó con don Francisco
Rodríguez de Ovalle y su hijo fue otra figura notable en la historia nacional:
el padre Alonso de Ovalle. El famoso historiador jesuita, creador de la
"Histórica Relación del Reino de Chile", tras su muerte en 1651,
cedió sus tierras a esta congregación, quienes la explotaron hasta que fueron
expulsados del país en 1776. Esta orden religiosa realizó importantes adelantos
en el área, fomentando la agricultura intensiva y las artes y oficios.
Tras la
confiscación los terrenos se fueron subdividiendo en fundos menores. El mayor
de ellos pasó a manos de doña Josefa Vicuña quien lo cedió al abogado don Juan
Egaña por los servicios jurídicos prestados a la familia Vicuña. Su hijo,
Mariano Egaña, diseña un hermoso parque en la hacienda, plantando especies
únicas traídas desde Europa. En 1822, las casas de Peñalolen fueron visitadas
por la cronista María Gram., la cual en su “Diario de Residencia en Chile”,
hace mención de la belleza de su entorno y su cuidado parque.
El lugar era el
sitio favorito para el descanso y el debate político e intelectual de famosos
personajes de nuestra historia: Eusebio Lillo, Benjamín Vicuña Mackenna y
Andrés Bello, quien se inspiró para la redacción de “Oración para todos”. Gran
parte del Código Civil, fue escrito entre sus peumos y centenarias palmeras.
Luego de la
independencia Juan Egaña redactó la Constitución "moralista" de 1823
en su fundo de Peñalolén. Diez años más tarde su hijo, don Mariano Egaña,
redacta la constitución de 1833 en conjunto con sus vecinos Larraín y José
Gandarillas.
En la segunda
mitad del siglo XIX la actual comuna de Peñalolén estaba formada por los fundos
de Peñalolén (de los Arrieta), Lo Hermida (de los Von Schroeders) y la parte
alta del fundo Macul (de los Cousiño). Permaneció así hasta la primera mitad de
este siglo. De ellos, el único que conserva parte de su estructura original es
el Parque de la Viña Cousiño-Macul.
En 1869, el
diplomático uruguayo, José Arrieta y Perera, a la edad de 37 años adquiere la
Hacienda de Peñalolen, antigua propiedad que había pertenecido, como ya lo
señaláramos, a los constitucionalistas Juan y Mariano Egaña, y que en esa fecha
pertenecía a Margarita Egaña de Tocornal.
José Arrieta
era un fino y bondadoso caballero de profundas inquietudes artísticas y
culturales. Al poco tiempo de haber adquirido el predio, rediseña su parque
plantando hermosas y exóticas especies arbóreas, remodela las casas patronales
fundando allí un centro cultural, que comprendía un edificio anexo en donde
funcionaban un teatro-circo, una sala de conferencias “Blas Cañas”, una escuela
popular gratuita: “Mercedes Cañas de Arrieta”. Una cancha para ejercicios
atléticos y un jardín infantil: “Centro de entretenimientos populares José
Arrieta”. Así la fundación se convierte en el centro de los pobres de la zona..
Las Casas de
Peñalolen sirvieron de seguro refugio al historiador Diego Barros Arana,
perseguido en la revolución de 1891. En medio de esa convulsión política
encontró su trágica muerte don Pedro Nolasco Gandarillas, hombre de confianza
de Balmaceda.
El presidente
José Manuel Balmaceda, estimaba y contaba entre sus amigos a José Arrieta.
Antes de suicidarse solicitó “Pidan a Arrieta, que es bueno, el servicio de
atender mis funerales” y así fue como por mucho tiempo el cuerpo del presidente
permaneció en la tumba de José Arrieta.
Esta fuerte vocación intelectual y de servicio público la veremos reflejada en
sus descendientes. A principios del siglo XX, su hijo Luis Arrieta Cañas
ingresa al quehacer político comunal, sirviendo como alcalde de Ñuñoa por más
de una década (desde 1900 hasta 1912).
La bondad del
alcalde Luis Arrieta se refleja en su permanente preocupación por los más
desposeídos. Crea un servicio de carros mortuorios y el servicio de ambulancia
“Peñalolen”, que hasta 1913 atendía gratuitamente a los pobres de la comuna.
Más tarde estos servicios serían entregados a la municipalidad.
A comienzos
del siglo XX comienzan a lotearse los grandes fundos entre los fiduciarios y
descendientes conformándose hacia la década del 20 unas 15 propiedades de 1.000
habitantes aproximadamente. Tras la reforma agraria, varias de estas
propiedades se subdividieron en predios rurales de no más de 10 hectáreas. En
la década del 60 muchos terrenos pasan a manos del Estado, mientras que sólo
queda una decena de pequeños fundos incluyendo los dos mayores (Lo Hermida y
Cousiño). Otros propietarios comienzan a vender sus parcelas en loteos menores
los que a su vez se subdividen en loteos irregulares sin urbanizar dada la
presión que existía en Santiago ante la llegada de miles de personas que
provenían de áreas rurales en las migraciones campo-ciudad.
La presión
demográfica en el Gran Santiago que comenzó a partir de las políticas
económicas de sustitución de importaciones generó un considerable aumento de la
población en la capital y su consiguiente expansión urbana. No obstante, la
alta migración era incompatible con las políticas estatales de construcción de
viviendas, generando ocupaciones ilegales de terrenos que afectaron a las
principales ciudades del país, principalmente a Santiago y, muy particularmente
a las áreas periféricas, entre ellas Peñalolen. Conjuntamente comenzaba una
regularización de este proceso a través de políticas de la asociatividad para
adquirir viviendas. Así surgieron las primeras cooperativas de viviendas que
agruparon trabajadores de importantes industrias de la ciudad, principalmente
las textiles, las cuales compraron terrenos de la viña Macul y edificaron sus
viviendas.
A partir de
la década del 40 comienzan a venderse sitios sin urbanizar en la parte alta de
Peñalolén formándose "loteos irregulares", y originándose las
primeras poblaciones de Peñalolén. Lo mismo ocurrió en el sector de San Luis de
Macul. Durante el Gobierno de Alessandri Rodríguez y Frei Montalva se
regularizaron los títulos de dominio de los primeros pobladores quienes
formaron comunidades y cooperativas. Más tarde se realizaron operaciones sitio
en los sectores de Lo Hermida y La Faena.
Hacia la
década del 50 sólo existían en Peñalolen áreas edificadas en el sector entorno
a la Avenida Egaña, al norte de la Rotonda Grecia, hasta la calle Los
Molineros. Aledaño estos sectores antiguos de Egaña se construyen las
Cooperativas de Lo Hermida y Oriente y la población Armando Venegas. En tanto
hacia el sector de Peñalolen Alto, algunos loteos irregulares comienzan a aparecer
(Población San Judas Tadeo y Población Peñalolen) hacia inicios de la década
del 60. Más tarde se consolidan las Comunidades San Roque y Jorge Alessandri y
los loteos irregulares de Nueva Palena. En el sector de San Luis de Macul
aparecen las Comunidades de San Luis hacia mediados de la misma década y Las
Brisas y Letelier hacia finales de la década del 60.
La
irregularidad en la venta y loteo de terrenos, sumado a la demanda de una
creciente población por servicios básicos de urbanización lleva al Estado a
normalizar la situación mediante la estructuración de cooperativas y
comunidades en el sector alto de la entonces comuna de Ñuñoa.
La situación conlleva a la creación de la comuna de La Reina en la década del
60, lo cual agudiza la marginalidad y segregación social de las poblaciones
precarias de Ñuñoa. Peñalolen ya superaba los 30.000 habitantes a fines de la
década y comienza un proceso de urbanización dirigido por el Estado denominado
“operaciones sitio” que terminaron por urbanizar parte de La Faena y Lo Hermida
mediante programas habitacionales.
A principios
de los años 70 ya eran unos 50.000 los habitantes de Peñalolén, venidos de casi
todos los rincones del país. Desde esa fecha comienza una ocupación irregular
que consiste en tomas ilegales de terrenos en Peñalolen Alto y el sector sur de
Lo Hermida por pobladores provenientes de todos los rincones del país, llegando
a conformar vastos sectores de campamentos hacia 1972, tales como Lo Hermida
3er y 4to sector, Villa Esmeralda, Sarita Fajardo, Santiago Bueras, Galvarino,
Villa Nueva Palena, entre otros asentamientos precarios.
En tanto, el
sector de Peñalolen Alto estaba conformado por grandes terrenos derivados del
antiguo Parque Peñalolen (Fundo Arrieta, el Protectorio Infantil Militar para
tuberculosos, Villa Grimaldi y el convento de las monjas de la Loreto) y del
Parque Violeta Cousiño, y por pequeños loteos de las poblaciones configuradas
en la década del sesenta a partir de la urbanización de los loteos irregulares.
Otros terrenos tomados fueron adquiridos por el Estado y se construyeron
poblaciones como El Estanque.
Hacia fines
de la década del setenta muchos terrenos de Peñalolen se acogieron al Decreto
de Fuerza Ley Nº2 para efectuar soluciones habitacionales integrales y
definitivas. Así se efectuaron los conjuntos Capilla Lo Arrieta, Villa Real
Audiencia, Villa El Cobre, El Almendral I y II, Santa Isabel, entre otros.
A principios
de los años 70`s continuaban las tomas ilegales de terrenos debido al abandono
de los predios rurales y a la posibilidad que los ocupantes observaban de
adquirir vivienda a través de esta anómala forma de apropiación de terrenos. No
obstante, a mediados de la década, se efectuaron algunas gestiones
gubernamentales destinadas a limitar este proceso. Los asentamientos precarios
conformados a partir de las tomas de terreno no fueron asistidos de la misma
forma, sino por saneamiento que incluía una caseta sanitaria, la vialidad y
servicios de urbanización, permaneciendo las viviendas precarias.
Durante la
década del 70 se construyeron más de 2.000 casetas sanitarias y soluciones
habitacionales y 4.290 departamentos en edificios construidos por CORVI.
Asimismo, se regularizaron más de 8.700 lotes en el mismo período.
También
comenzó la construcción de edificaciones sociales en altura que permitiera
densificar y disminuir la expansión urbana. El traslado de ocupantes ilegales
desde otras comunas hacia Peñalolen fue una práctica común a fines de esa
década y principio de los años 80, conformando las primeras poblaciones de
erradicaciones. Ambos procesos generaron una desadaptación de la población en
el territorio.
Ya en 1980 habitaban Peñalolen unas 110.000 personas, muchas de las cuales
carecían de muchos servicios básicos y servicios sociales, ya que más de 10.000
lotes y viviendas no se encontraban saneados.
La
Reformulación Comunal de la Región Metropolitana, derivada del Proceso de
Regionalización, culminó con la dictación del Decreto Ley Nº 1-3260 del 6 de
marzo de 1981, donde se crean 17 nuevas comunas en la Provincia de Santiago.
Así se conforma una nueva comuna a partir de Ñuñoa, con más de 55 km? y unos
120.000 habitantes. Con la creación de la comuna de Peñalolen, comienza un
notable desarrollo para los habitantes de este rincón del Gran Santiago,
marginados de los progresos que la metrópoli había obtenido. La Ley 18.138 de
1982 permitió la radicación definitiva y saneamiento de la gran mayoría de los
asentamientos precarios existentes en el territorio comunal durante la década
del 80. Además, se realizan conjuntos habitacionales sociales para pobladores
de otras comunas de la Región Metropolitana. Más tarde, gracias al subsidio de
marginalidad habitacional, se construyeron viviendas sociales de carácter
definitivo como Lago Vichuquén, Rapa Nui, El Valle, Villa Las Parcelas, La Viña
(I, II, III y IV) y Aquelarre.
Durante la
década del 80 se desarrollan varias obras de adelanto, tales como la
iluminación de casi la totalidad de la comuna, la pavimentación de casi un 80%
de la red vial y del 60% de las aceras, el saneamiento del 90% de los
campamentos de la comuna, la instalación de empalmes de agua potable y
alcantarillado para casi un 90% de la población, la construcción de 7.800
viviendas sociales. Entre las obras de equipamiento se destacan el Centro
Cívico (que incluye el Edificio Consistorial, el Estadio Municipal, el
consultorio Carol Úrzua, el Cuartel de Bomberos y la Comisaría de Peñalolen),
la Casa del Deporte, La Biblioteca Municipal, el cuartel de Investigaciones y
diversas áreas verdes y complejos deportivos y recreativos.
En la década
del 90 comienza otro proceso estimulado por el desarrollo económico del país.
Las empresas inmobiliarias comienzan a generar conjuntos residenciales de mayor
plusvalía, pero dentro del D.F.L. 2, incorporando el equipamiento urbano, la
infraestructura y bajo una regularización territorial urbana. El municipio, en
tanto ha debido consolidar el equipamiento en las áreas más antiguas e
imposibilitadas de autogestionar dicho equipamiento.
La comuna ha
afianzado su desarrollo urbano en sólo 50 años, no obstante, de acuerdo al Plan
Regulador Metropolitano, la comuna debe acoger a 100.000 nuevos residentes en 9
años más, para lo cual se han tomado medidas de planificación que incluyen la
solidificación de la vialidad estructurante y conectividad, la densificación de
algunos sectores antiguos, y la evaluación de los proyectos inmobiliarios de
acuerdo a la planificación urbana definida por el MINVU.
Sólo en la
década del 90 se construyeron en Peñalolen más de 12.000 viviendas mediante la
inversión inmobiliaria privada. Hasta la fecha esta cifra suma un total de
17.520 viviendas, las que se concentran, principalmente dentro del perímetro
conformado por el límite de expansión urbana, por el oriente; Av. Grecia, por
el norte; Av. Tobalaba, por el poniente; y Av. Departamental, por el sur. Otros
sectores donde se localizan este tipo de desarrollos inmobiliarios son el área
sobre la calle Alvaro Casanova, entre Talinay y Av. Grecia, y el sector de Av.
Tobalaba poniente, entre Av. Quilín y Av. Las Torres.
A inicios del
nuevo milenio, se consolidan algunos equipamientos como grandes supermercados,
centros comerciales y colegios, que se agregan a los ya existentes y a los
recintos deportivos privados que existen en la comuna. Con este desarrollo
inmobiliario se abren nuevas vías, reestructurando una red vial relativamente
más conectada en el sentido norte-sur, otrora inexistente, con excepción de las
Av. Vespucio y Tobalaba. Se abren nuevos accesos por el canal San Carlos
mediante la construcción de puentes y se construyen áreas verdes. La inversión
estatal en los últimos 15 años se concentra en el equipamiento comunal
(consultorios y establecimientos educacionales), mientras que genera la
concesión de la Autopista Américo Vespucio y consolida la red de Metro hacia la
comuna. El municipio concentró sus inversiones en la construcción de áreas
verdes en las zonas con menor inversión privada y la reposición del alumbrado
público.
A partir de
este desarrollo urbano, los asentamientos humanos en la comuna han quedado
espacialmente aislados en paños que socialmente aparecen segregados, siendo
éste el principal problema urbano de la comuna.
Desde 1984 a
la fecha han sido Alcaldes de Peñalolén: doña María Angélica Cristi
(1984-1989), don Carlos Alarcón (1989-1993), don Carlos Echeverría (1993-1996),
don Carlos Alarcón (1997-2000) (2000-2004) y actualmente don Claudio Orrego
Larraín (2004-2008).
La fecha de creación de la Ilustre Municipalidad de Peñalolén fue el 15 de Noviembre de 1984.
(Fuente: Biblioredes)












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